Asumieron sus cargos con pocas horas de diferencia, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón -Casa de Nariño- y el nuevo gobernador del Valle del Cauca, Francisco José Lourido Muñoz -Palacio de San Francisco-.
El primero dijo que “le llegó la hora a Colombia”. El segundo que “no quiero verme envuelto en los torbellinos del pasado si no mirar hacia el futuro con cero corrupción”, ambos dejaron un ambiente de tranquilidad entre los elegidos.
Vamos por partes. En el plano nacional no cabe duda que Santos Calderón le puso desde el día de su elección firma y sello personales a lo que serían su estilo y programa de gobierno. Y eso quedó claro durante su posesión.
Con una nómina de lujo entre sus colaboradores, seguridad en sus formulaciones, un viaje por doce países de América y Europa y los actos simbólicos con los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, hablan bien del Jefe de Estado.
Hasta el momento, los columnistas, que una vez se acercaron al Partido Verde, llevados más por el odio y el resentimiento que por las ideas, desde el triunfo de la Unidad Nacional, no han tenido un solo argumento válido para sus diatribas.
El compromiso es grande para un periodista que llevaba preparándose más de treinta años para ser Presidente de Colombia. Pero su obligación no es menor que la que tenemos todos los ciudadanos de bien hayan o no votado por él.
La sociedad entera debería pensar en construir país, trabajar cada uno desde su lugar con honestidad y entrega por la consolidación de la paz con justicia social y no creer que ese es asunto que le compete solo al ejecutivo.
Y como copiloto de la nave un vallecaucano, Angelino Garzón, que a no dudarlo sí le dará buen uso a un cargo señalado por muchos como de “segunda” que solo sirve para representar al Presidente en actos sociales. Falso.
Estoy seguro que él y su esposa jugarán un papel muy importante en cualquiera de los frentes de trabajo que les compete y que les sean ordenados por la Casa de Nariño. Utilizando un término Santista, Angelino es una locomotora trabajando.
Sobre el Valle del Cauca, tranquiliza que al Palacio de San Francisco llegue un hombre pulcro, trabajador, académico, conocedor del campo como el que más y con arraigo en todos los estamentos. A ver si por fin nuestro Valle despega.
Y es que ese despegue nos corresponde ponerlo en marcha a todos los vallecaucanos y no echarle encima esa responsabilidad, como si fuera una obligación, al vicepresidente Angelino Garzón, dizque por ser vallecaucano.
Al menos eso fue lo que escribió Diego Martínez en su columna de El País. Ahora resulta que Angelino debe ser El Salvador, cuando hace apenas unos pocos años, como lo cacareaban a diario, era lo peor. ¡Qué no dijeron de Angelino en ese diario!
No señor. Pero si de algo les sirve, pues el nuevo mandatario regional podría decirse que es cuota de Garzón. Lo que sí debe hacer el señor Lourido es tratar de ordenar la administración y poner las cosas claras y en su sitio.
Necesitamos saber la verdad. Poco bien se hace él y le hace el Estado como tal, el afán del ex gobernador Juan Carlos Abadía Campo de amarrarse al poder, atornillarse a la silla del que fue su despacho. A las buenas o a las malas.
Es el momento de realizar una profunda reflexión: tanto por parte del nuevo mandatario como de los vallecaucanos que tendremos que volver a las urnas el año entrante para elegir sucesor a partir del 1º de enero de 2012. Eso esperamos.
El Valle del Cauca no aguanta más. Lo estallaron quienes trataron de ensañarse con el poder y lo tienen en el limbo. Pero no por culpa o responsabilidad exclusiva de quienes fueron elegidos. Sino de quienes los eligieron. Esa es la regla del juego.
Necesitamos gobernantes serios y preparados. Pero esos gobernantes, que se encargan de designar mandos medios, los elegimos quienes votamos y quienes se abstienen. Estos últimos también son culpables por acción u omisión.
De la mano de Dios, espero que como lo dijo Santos Calderón “le llegó la hora a Colombia” y como lo manifestó el gobernador del Valle del Cauca, Francisco Lourido “me quiero olvidar del pasado torbellino y mirar hacia el futuro”.
domingo, 8 de agosto de 2010
domingo, 1 de agosto de 2010
¿Conversar?¿Dialogar?
Colombia no se puede equivocar. El Estado se debe mantener incólume ante los terroristas. El Gobierno fortalecer la vocación de derrotar a quienes por vías de hecho tratan de desestabilizar nuestras instituciones democráticas.
Empezó mal la propuesta de alias Alfonso Cano al sugerir a través de un video de querer “conversar” con el presidente electo Juan Manuel Santos, para, según él, invitarlo al dialogo y a la negociación política.
A la guerrilla de las Farc no se le puede creer. Bienvenida cualquier propuesta de paz desde donde quiera que se presente. Pero que sea seria. Y digo que empezó mal pues no nos va a seducir después de décadas de tortura hacia el pueblo.
Si lo que quiere es sentarse a dialogar con el entrante gobierno, libere a los secuestrados, a los miles de menores que reclutó a la fuerza para delinquir, suspenda el secuestro, los ataques, y entonces, al menos, trataremos de creerle.
Pero hablar como si fuese un colombiano de bien en términos de “Hombre conversemos (…) No. Habla de superar la que denomina esta terrible situación. La misma que él y sus cuadrillas provocan a diario.
Empieza, al mejor estilo de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, haciendo referencia a las bases militares de EE.UU. en Colombia. Por algo será. Cortinas de humo. Frases difusas para distraer la atención. Argumentos para atacar.
Sugiere políticas de la diplomacia. Las han tenido todas las habidas y por haber y han jugado con todo el mundo, países amigos, la iglesia, los mensajeros de paz, y con los secuestrados, a quienes utilizan como escudos de guerra.
Habla de DD.HH. y DIH. (¡!) El diablo haciendo hostias. El ratón cuidando el queso. Hechos. No palabrerías es lo que exige el pueblo de Colombia. Pide diálogo y asesinan seis policías que lo único que hacían era cumplir con su deber Patrio.
No más despejes. Ni una sola concesión más. Tampoco retroceder ni un ápice en lo avanzado en los ocho años recientes de gobierno de Uribe Vélez. Eso lo conoce mejor que cualquier compatriota, el presidente electo Juan Manuel Santos.
De hecho fue acertada la respuesta de su vicepresidente, Angelino Garzón, quien aseguró que las puertas del diálogo con la guerrilla estarán abiertas en el gobierno que comenzará el 7 de agosto. Pero condicionado a muestras reales de paz.
Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, en su intervención asegura que los exitosos operativos de las FF.AA. contra la guerrilla no son el fin del fin y trata de justificar así su permanencia en la ilegalidad.
Puede ser. Lo que sí es un hecho es que llegará el día en que la guerrilla será vencida. Ocurrió en el resto del mundo. Solo algunos rezagos de retrógrados en muy pocos rincones del mundo se obstinan torpe y ciegamente en su empeño.
Mientras sigan desangrando una Nación, secuestrando inocentes, atacando poblaciones civiles indefensas, a mansalva, en la oscuridad, aliados con el narcotráfico y con los corruptos, no tendrán cabida en la sociedad.
Existen y han existido todos los mecanismos diplomáticos y jurídicos para acercamientos, diálogos, muestras de buena voluntad y lo único que han hecho es responder con bala, cilindros bomba, secuestros y ataques terroristas.
No nos seducen las aparentes buenas intenciones de lobo disfrazado de oveja de Cano. El tiempo hace rato se agotó. No obstante, como dice Angelino Garzón, las puertas del diálogo estarán abiertas. Eso sí: que cesen TODA la violencia.
Tienen que demostrar esa voluntad con actos. Y no lo han hecho. Y creo que no lo van a hacer. Ya habrá tiempo para otra disculpa. Pero como decía el inmolado líder Luis Carlos Galán Sarmiento: ¡Ni un paso atrás!
Empezó mal la propuesta de alias Alfonso Cano al sugerir a través de un video de querer “conversar” con el presidente electo Juan Manuel Santos, para, según él, invitarlo al dialogo y a la negociación política.
A la guerrilla de las Farc no se le puede creer. Bienvenida cualquier propuesta de paz desde donde quiera que se presente. Pero que sea seria. Y digo que empezó mal pues no nos va a seducir después de décadas de tortura hacia el pueblo.
Si lo que quiere es sentarse a dialogar con el entrante gobierno, libere a los secuestrados, a los miles de menores que reclutó a la fuerza para delinquir, suspenda el secuestro, los ataques, y entonces, al menos, trataremos de creerle.
Pero hablar como si fuese un colombiano de bien en términos de “Hombre conversemos (…) No. Habla de superar la que denomina esta terrible situación. La misma que él y sus cuadrillas provocan a diario.
Empieza, al mejor estilo de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, haciendo referencia a las bases militares de EE.UU. en Colombia. Por algo será. Cortinas de humo. Frases difusas para distraer la atención. Argumentos para atacar.
Sugiere políticas de la diplomacia. Las han tenido todas las habidas y por haber y han jugado con todo el mundo, países amigos, la iglesia, los mensajeros de paz, y con los secuestrados, a quienes utilizan como escudos de guerra.
Habla de DD.HH. y DIH. (¡!) El diablo haciendo hostias. El ratón cuidando el queso. Hechos. No palabrerías es lo que exige el pueblo de Colombia. Pide diálogo y asesinan seis policías que lo único que hacían era cumplir con su deber Patrio.
No más despejes. Ni una sola concesión más. Tampoco retroceder ni un ápice en lo avanzado en los ocho años recientes de gobierno de Uribe Vélez. Eso lo conoce mejor que cualquier compatriota, el presidente electo Juan Manuel Santos.
De hecho fue acertada la respuesta de su vicepresidente, Angelino Garzón, quien aseguró que las puertas del diálogo con la guerrilla estarán abiertas en el gobierno que comenzará el 7 de agosto. Pero condicionado a muestras reales de paz.
Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, en su intervención asegura que los exitosos operativos de las FF.AA. contra la guerrilla no son el fin del fin y trata de justificar así su permanencia en la ilegalidad.
Puede ser. Lo que sí es un hecho es que llegará el día en que la guerrilla será vencida. Ocurrió en el resto del mundo. Solo algunos rezagos de retrógrados en muy pocos rincones del mundo se obstinan torpe y ciegamente en su empeño.
Mientras sigan desangrando una Nación, secuestrando inocentes, atacando poblaciones civiles indefensas, a mansalva, en la oscuridad, aliados con el narcotráfico y con los corruptos, no tendrán cabida en la sociedad.
Existen y han existido todos los mecanismos diplomáticos y jurídicos para acercamientos, diálogos, muestras de buena voluntad y lo único que han hecho es responder con bala, cilindros bomba, secuestros y ataques terroristas.
No nos seducen las aparentes buenas intenciones de lobo disfrazado de oveja de Cano. El tiempo hace rato se agotó. No obstante, como dice Angelino Garzón, las puertas del diálogo estarán abiertas. Eso sí: que cesen TODA la violencia.
Tienen que demostrar esa voluntad con actos. Y no lo han hecho. Y creo que no lo van a hacer. Ya habrá tiempo para otra disculpa. Pero como decía el inmolado líder Luis Carlos Galán Sarmiento: ¡Ni un paso atrás!
domingo, 25 de julio de 2010
Están asesinando a Cali
La alcaldía de Cali determinó lanzar la alerta naranja por el elevado y preocupante índice de homicidios en la capital del Valle del Cauca que registra un incremento en el número de asesinatos en lo corrido del año frente a igual periodo de 2009.
La violencia es un tema que va mucho más allá de los colores de las alertas que se emitan o decreten y tiene que ver con un fenómeno social estructural que si bien tiene aspectos coyunturales, su origen es de fondo y no de forma.
Todo lo que se haga para acabarlo es bienvenido. Lo que no se puede aceptar es que siempre lleguemos a lo mismo y que cuando comienza el descenso en las cifras haya celebración a manera de triunfo. El ideal es cero muertes violentas.
Consejos extraordinarios de seguridad, condenas públicas en micrófonos cada que ocurre un crimen, que se haga justicia, llamados a los violentos, aumento del pie de fuerza, presupuesto para actuar. No es suficiente. Hay que ir más allá.
Todas esas medidas son necesarias. Lo que ocurre es que, solas, serán insuficientes para evitar que en Colombia haya más de treinta mil homicidios al año en promedio. O que en Cali se rompa la curva hacia arriba para llegar a cero.
Venganzas personales con armas de fuego son, según las autoridades, dos de las causas de los casi mil asesinatos en el primer semestre del año en Cali. Odio, rencor, justicia personal a mano armada, exceso en el consumo de licor.
Es necesario comenzar por el principio. La recuperación de los valores desde la familia, el respeto por los demás, la resolución pacífica de conflictos y no acudir a la más rápida pero funesta: el crimen. Es fácil decirlo. Difícil, muy difícil lograrlo.
Este no es un problema exclusivo de Cali. Lo viven todas las grandes ciudades, no solo en Colombia. Pero también hay que tomar medidas. Evitar el desplazamiento forzado es una de ellas. Invertir en el campo para que haya seguridad y trabajo.
De lo contrario los cinturones de miseria seguirán en aumento. Ejércitos de compatriotas que llegan huyendo, con el dolor de la pérdida de sus seres queridos, sus gallinas, sus vacas y predios, sin presente y sin futuro en la urbe.
Adicionalmente es necesario fortalecer la acción de la justicia para que esta actúe con severidad y no que ante la falta de condenas drásticas, el actor primario de la violencia se sienta “autorizado y protegido” para actuar por la impunidad.
Entregarles dientes, herramientas a las autoridades para que puedan contrarrestar la inseguridad. El ejército, la policía y los organismos de seguridad tienen que tener los mecanismos adecuados para perseguir a quienes infringen la Ley.
Cerrarle el paso al narcotráfico que está vivo. Es más, va en aumento. El poder del dinero fácil no tiene fronteras. Lo vivimos en Colombia. E infortunadamente lo vive nuestro hermano país de México. Caldo de cultivo para las bandas criminales.
Es complejo. No existe solución única. Es un monstruo de mil cabezas. Tampoco es un problema que le compete solamente al alcalde de turno o al comandante de la policía. También es suyo. De todos. Se requiere carácter y decisión.
Este es quizá el más apremiante y complejo dilema social de Cali. Que asesinen la ciudad con armas de fuego en su mayoría (80%) por venganzas personales. Todos perdemos. Nadie gana. Ni el que dispara u ordena apretar el gatillo.
Tampoco es un asunto de barrios o estratos. Es de sociedad. Y si bien son las autoridades las llamadas a tomar medidas de gobierno y actuar operativamente, lo cierto es que la ciudad la hacemos todos quienes en ella habitamos.
No era prudente aumentar la hora zanahoria. Tampoco está bien que el mismo Estado propicie que las armas proliferen -me refiero a las adquiridas legalmente- pues las de contrabando son eso: ilegales. Pero hay que combatirlas y evitarlas.
Lo que ocurre es que no podemos darle la espalda a un tema tan sensible como este, simplemente porque a muchos no les haya tocado a la puerta. La muerte, en la mayoría de los casos en Colombia, llega sin llamar. No avisa.
El ideal en una sociedad medianamente humana es cero muertes violentas. Pero las cifras que hoy registran muchas ciudades, entre ellas la Cali que amamos, son un reflejo salvaje. Repudiable. Y es asunto de todos.
La violencia es un tema que va mucho más allá de los colores de las alertas que se emitan o decreten y tiene que ver con un fenómeno social estructural que si bien tiene aspectos coyunturales, su origen es de fondo y no de forma.
Todo lo que se haga para acabarlo es bienvenido. Lo que no se puede aceptar es que siempre lleguemos a lo mismo y que cuando comienza el descenso en las cifras haya celebración a manera de triunfo. El ideal es cero muertes violentas.
Consejos extraordinarios de seguridad, condenas públicas en micrófonos cada que ocurre un crimen, que se haga justicia, llamados a los violentos, aumento del pie de fuerza, presupuesto para actuar. No es suficiente. Hay que ir más allá.
Todas esas medidas son necesarias. Lo que ocurre es que, solas, serán insuficientes para evitar que en Colombia haya más de treinta mil homicidios al año en promedio. O que en Cali se rompa la curva hacia arriba para llegar a cero.
Venganzas personales con armas de fuego son, según las autoridades, dos de las causas de los casi mil asesinatos en el primer semestre del año en Cali. Odio, rencor, justicia personal a mano armada, exceso en el consumo de licor.
Es necesario comenzar por el principio. La recuperación de los valores desde la familia, el respeto por los demás, la resolución pacífica de conflictos y no acudir a la más rápida pero funesta: el crimen. Es fácil decirlo. Difícil, muy difícil lograrlo.
Este no es un problema exclusivo de Cali. Lo viven todas las grandes ciudades, no solo en Colombia. Pero también hay que tomar medidas. Evitar el desplazamiento forzado es una de ellas. Invertir en el campo para que haya seguridad y trabajo.
De lo contrario los cinturones de miseria seguirán en aumento. Ejércitos de compatriotas que llegan huyendo, con el dolor de la pérdida de sus seres queridos, sus gallinas, sus vacas y predios, sin presente y sin futuro en la urbe.
Adicionalmente es necesario fortalecer la acción de la justicia para que esta actúe con severidad y no que ante la falta de condenas drásticas, el actor primario de la violencia se sienta “autorizado y protegido” para actuar por la impunidad.
Entregarles dientes, herramientas a las autoridades para que puedan contrarrestar la inseguridad. El ejército, la policía y los organismos de seguridad tienen que tener los mecanismos adecuados para perseguir a quienes infringen la Ley.
Cerrarle el paso al narcotráfico que está vivo. Es más, va en aumento. El poder del dinero fácil no tiene fronteras. Lo vivimos en Colombia. E infortunadamente lo vive nuestro hermano país de México. Caldo de cultivo para las bandas criminales.
Es complejo. No existe solución única. Es un monstruo de mil cabezas. Tampoco es un problema que le compete solamente al alcalde de turno o al comandante de la policía. También es suyo. De todos. Se requiere carácter y decisión.
Este es quizá el más apremiante y complejo dilema social de Cali. Que asesinen la ciudad con armas de fuego en su mayoría (80%) por venganzas personales. Todos perdemos. Nadie gana. Ni el que dispara u ordena apretar el gatillo.
Tampoco es un asunto de barrios o estratos. Es de sociedad. Y si bien son las autoridades las llamadas a tomar medidas de gobierno y actuar operativamente, lo cierto es que la ciudad la hacemos todos quienes en ella habitamos.
No era prudente aumentar la hora zanahoria. Tampoco está bien que el mismo Estado propicie que las armas proliferen -me refiero a las adquiridas legalmente- pues las de contrabando son eso: ilegales. Pero hay que combatirlas y evitarlas.
Lo que ocurre es que no podemos darle la espalda a un tema tan sensible como este, simplemente porque a muchos no les haya tocado a la puerta. La muerte, en la mayoría de los casos en Colombia, llega sin llamar. No avisa.
El ideal en una sociedad medianamente humana es cero muertes violentas. Pero las cifras que hoy registran muchas ciudades, entre ellas la Cali que amamos, son un reflejo salvaje. Repudiable. Y es asunto de todos.
domingo, 18 de julio de 2010
Uribe tirapiedras
Constitucionalmente el mandato del presidente Álvaro Uribe Vélez es hasta el próximo 7 de agosto cuando asumirá esa investidura su sucesor, el electo Juan Manuel Santos. Eso está claro y no tiene discusión alguna.
Tampoco se discute que el jefe de Estado decline en ninguna de sus obligaciones tanto dentro como fuera del país, especialmente en cuanto a la soberanía Nacional se refiere, hasta esa fecha. Aunque quisiera seguir.
En lo que considero se equivoca, es en la forma como en repetidas ocasiones, de manera particular la semana que termina, ha manejado sus esquivas y turbulentas relaciones con Venezuela. No tanto ya con Ecuador.
Antes conviene reiterar que los demócratas estamos de acuerdo en perseguir a los terroristas, Farc, Eln, Paramilitares, Narcotraficantes o sea cual fuere su denominación, con todo el rigor hasta el último rincón del planeta.
Pero cuando se tienen denuncias con pruebas -como lo afirmó el gobierno- de presencia guerrillera en Venezuela- para eso, antes de salir a la diplomacia del micrófono, existen unos conductos regulares a través de la Cancillería.
Por respeto además con el sucesor de Uribe Vélez -Santos Calderón- éste debió ser informado previamente. Además, como ex ministro de Defensa, conoce a la perfección las diferencias con Hugo Chávez. Su pensamiento y procederes.
También con el presidente de Ecuador, Rafael Correa, pues fue el presidente electo quien lo dejó en evidencia -que fue lo que le molestó- con la muerte del terrorista y criminal Raúl Reyes; no tanto que hubiese invadido su territorio.
No creo, como lo sugirió un analista venezolano cuyo nombre fue omitido en un diario de circulación nacional en Colombia, que ese plan lo habrían montado Uribe Vélez y Santos Calderón.
Los analistas y los periodistas, si bien no podemos ser ciento por ciento neutrales ni objetivos (en eso nunca he creído y nadie lo ha demostrado), al menos debemos tratar de acercarnos a ello para orientar y no exacerbar multitudes.
Flaco servicio le hizo Uribe a Santos con este episodio. Todos, desde hace muchos años sabemos que la guerrilla se esconde en esos países. Con o sin anuencia de sus gobiernos. Pero fue la forma lo que calentó al vecindario.
No es miedo ni temor sino un respeto a las relaciones internacionales y binacionales de un gobierno que a tres semanas del relevo en la Casa de Nariño opta por la vía del micrófono y no de agotar todas las instancias diplomáticas ni la discreción.
Lo que no implica que Colombia deba ceder ante ningún gobierno extranjero así sea vecino. Mucho menos ante Hugo Chávez ni Rafael Correa cuyos antecedentes de coquetear con la guerrilla son conocidos.
Eso jamás. Pero sí de tratar, con el acompañamiento internacional como testigo, de evitar que se llegue a situaciones extremas como el rompimiento de relaciones o algo más…No digo qué porque detesto la palabra guerra.
Lo que sí está claro es que la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la OEA convocada para el próximo jueves 22 no pasará si es que llega allá, de un pronunciamiento o comunicado.
Los tiranos -y Chávez lo es- no les hacen caso a organismos como la OEA ni la ONU.
Tampoco se discute que el jefe de Estado decline en ninguna de sus obligaciones tanto dentro como fuera del país, especialmente en cuanto a la soberanía Nacional se refiere, hasta esa fecha. Aunque quisiera seguir.
En lo que considero se equivoca, es en la forma como en repetidas ocasiones, de manera particular la semana que termina, ha manejado sus esquivas y turbulentas relaciones con Venezuela. No tanto ya con Ecuador.
Antes conviene reiterar que los demócratas estamos de acuerdo en perseguir a los terroristas, Farc, Eln, Paramilitares, Narcotraficantes o sea cual fuere su denominación, con todo el rigor hasta el último rincón del planeta.
Pero cuando se tienen denuncias con pruebas -como lo afirmó el gobierno- de presencia guerrillera en Venezuela- para eso, antes de salir a la diplomacia del micrófono, existen unos conductos regulares a través de la Cancillería.
Por respeto además con el sucesor de Uribe Vélez -Santos Calderón- éste debió ser informado previamente. Además, como ex ministro de Defensa, conoce a la perfección las diferencias con Hugo Chávez. Su pensamiento y procederes.
También con el presidente de Ecuador, Rafael Correa, pues fue el presidente electo quien lo dejó en evidencia -que fue lo que le molestó- con la muerte del terrorista y criminal Raúl Reyes; no tanto que hubiese invadido su territorio.
No creo, como lo sugirió un analista venezolano cuyo nombre fue omitido en un diario de circulación nacional en Colombia, que ese plan lo habrían montado Uribe Vélez y Santos Calderón.
Los analistas y los periodistas, si bien no podemos ser ciento por ciento neutrales ni objetivos (en eso nunca he creído y nadie lo ha demostrado), al menos debemos tratar de acercarnos a ello para orientar y no exacerbar multitudes.
Flaco servicio le hizo Uribe a Santos con este episodio. Todos, desde hace muchos años sabemos que la guerrilla se esconde en esos países. Con o sin anuencia de sus gobiernos. Pero fue la forma lo que calentó al vecindario.
No es miedo ni temor sino un respeto a las relaciones internacionales y binacionales de un gobierno que a tres semanas del relevo en la Casa de Nariño opta por la vía del micrófono y no de agotar todas las instancias diplomáticas ni la discreción.
Lo que no implica que Colombia deba ceder ante ningún gobierno extranjero así sea vecino. Mucho menos ante Hugo Chávez ni Rafael Correa cuyos antecedentes de coquetear con la guerrilla son conocidos.
Eso jamás. Pero sí de tratar, con el acompañamiento internacional como testigo, de evitar que se llegue a situaciones extremas como el rompimiento de relaciones o algo más…No digo qué porque detesto la palabra guerra.
Lo que sí está claro es que la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la OEA convocada para el próximo jueves 22 no pasará si es que llega allá, de un pronunciamiento o comunicado.
Los tiranos -y Chávez lo es- no les hacen caso a organismos como la OEA ni la ONU.
domingo, 11 de julio de 2010
¡FIESTA BRAVA Y OLÉ!
ESPAÑA 2010-BRASIL 2014
La lección más importante que nos dejó el mundial de fútbol Sudáfrica 2010 es que las estrategias y tácticas empleadas para la guerra se pueden aplicar perfectamente y con éxito en el terreno de juego donde se encuentran pacíficamente los pueblos.
España Campeón Mundial de fútbol 2001 en Sudáfrica: Fiesta Brava, rabo y orejas, vuelta al ruedo y Puerta Grande para un gran equipo. De la mano de Vicente del Bosque un excelente trabajador, humilde, sencillo y ante todo, sereno, que supo entregar su experiencia a los jóvenes futbolistas que dirigió exitosamente.
Dignísimo segundo lugar para Holanda, los tulipanes, que recordaron la Naranja Mecánica en su tercer intento por conquistar la Copa Mundo. Un equipo ordenado técnicamente, bien dotado físicamente, disciplinado y que expuso uno de los mejores juegos del certamen. Gran director técnico, Bert van Marwijk.
Justos tercero y cuarto Alemania y Uruguay respectivamente. El primero con el grupo más joven, dirigido por Joachim Löw y con un envidiable futuro para el 2014. Seguido de la garra charrúa que volvió por sus fueros. Gran representante de América en Sudáfrica. Con un caballero dentro de la cancha: Diego Forlán.
Suráfrica tuvo la oportunidad de mostrarle al mundo quién es en el contexto internacional. Fortalezas y debilidades. Seguramente todo volverá a como era antes del certamen orbital. Pero esa es la Ley de quienes piden ser sede de eventos que solo puede organizar un gigante.
Ese gigante es la Fifa. Un monstruo. Una máquina de hacer dinero. Con todo el poder que le imprime su globalidad y la cantidad de afiliados -208 países-. Pero que nadie se llame a engaños. La Federación es un negocio. No una entidad sin ánimo de lucro y mucho menos un organismo humanitario.
La próxima cita será en uno de los países emergentes de América Latina, Brasil, potencia mundial en fútbol. Pentacampeón. Con sed de otro triunfo que le permita argumentar la inversión que realizará. La tierra del inolvidable e inigualable, Pelé.
Apartes de lo que podría concluir sobre Suráfrica 2010:
En fútbol, cuando se pierde, se rompe por lo más delgado: despedir al técnico. Algunos descabezados fueron Lippi de Italia, Rehhagelde Grecia, Domenech de Francia, Okada del Japón, Aguirre de México, Dunga de Brasil, Maradona dijo dizque “cumplí mi ciclo” -¿cuál?- técnico nunca ha sido ni lo será.
Las revelaciones, serios, entregados, con altísimo rendimiento: Miroslav Klose de Alemania, Diego Forlán de Uruguay, David Villa de España y Wesley Sneijder de Holanda.
Los estrellados: Lionel Messi de Argentina, Wayne Rooney de Inglaterra, Frank Ribéry de Francia, Samuel Eto´o de Camerún, Cristiano Ronaldo (el de los calzoncillos) de Portugal, Kaká de Brasil, y Didier Drogba de Costa de Marfil.
Caso aparte merece lo que políticamente implicaron las determinaciones de Francia y Nigeria con sus selecciones. El primero, subcampeón mundial por la forma ruinosa y pobre como participó y se fue. Y la segunda por la drástica sanción de su gobierno tras ser eliminada: dos años sin competencia internacional alguna.
Para destacar la vuvuzela. El despliegue humano y técnico de Direct T.V. Las paupérrimas transmisiones de algunos gritadores (narradores) colombianos que no aprenden. Y la actitud prepotente de algunos que se dicen comentaristas y no son más que hinchas. Les ganó “El Corresponsal” de Davivienda, para vergüenza de la mayoría de aquellos. El Jabulani no tiene disculpa, todos jugaron con el mismo balón. Bueno, regular o malo.
El mejor fútbol lo jugaron Holanda y España seguidas de Alemania y Uruguay. Defraudaron los seis delegados de África. Con más pena que gloria y mucha vergüenza de la mala, abandonaron: Francia, Italia, Inglaterra y Portugal.
Nos salvamos de ver al periquero de Maradona quien juró que le daría la vuelta en peloto al Obelisco en Buenos Aires si quedaba campeón. Si produce repugnancia vestido, no quiero imaginarlo en cueros. Prefiero a la Riquelme de Paraguay.
Añoro el 4-2-4, el toque-toque, el fútbol veloz por las puntas, la filigrana. Volvieron los errores de los árbitros, que como seres humanos, jamás serán desterrados así se aplique la tecnología. Lo que si debe hacer la Fifa es tomar medidas y sancionar drásticamente a quienes tienen fallas técnicas o aquellos que actúan de mala fe.
La gran ganadora, sin jugar, Shakira, con su Waka Waka, abrió y cerró el mundial. Estuvo superlativa.
Gracias Sudáfrica. Bienvenida Brasil 2014…
La lección más importante que nos dejó el mundial de fútbol Sudáfrica 2010 es que las estrategias y tácticas empleadas para la guerra se pueden aplicar perfectamente y con éxito en el terreno de juego donde se encuentran pacíficamente los pueblos.
España Campeón Mundial de fútbol 2001 en Sudáfrica: Fiesta Brava, rabo y orejas, vuelta al ruedo y Puerta Grande para un gran equipo. De la mano de Vicente del Bosque un excelente trabajador, humilde, sencillo y ante todo, sereno, que supo entregar su experiencia a los jóvenes futbolistas que dirigió exitosamente.
Dignísimo segundo lugar para Holanda, los tulipanes, que recordaron la Naranja Mecánica en su tercer intento por conquistar la Copa Mundo. Un equipo ordenado técnicamente, bien dotado físicamente, disciplinado y que expuso uno de los mejores juegos del certamen. Gran director técnico, Bert van Marwijk.
Justos tercero y cuarto Alemania y Uruguay respectivamente. El primero con el grupo más joven, dirigido por Joachim Löw y con un envidiable futuro para el 2014. Seguido de la garra charrúa que volvió por sus fueros. Gran representante de América en Sudáfrica. Con un caballero dentro de la cancha: Diego Forlán.
Suráfrica tuvo la oportunidad de mostrarle al mundo quién es en el contexto internacional. Fortalezas y debilidades. Seguramente todo volverá a como era antes del certamen orbital. Pero esa es la Ley de quienes piden ser sede de eventos que solo puede organizar un gigante.
Ese gigante es la Fifa. Un monstruo. Una máquina de hacer dinero. Con todo el poder que le imprime su globalidad y la cantidad de afiliados -208 países-. Pero que nadie se llame a engaños. La Federación es un negocio. No una entidad sin ánimo de lucro y mucho menos un organismo humanitario.
La próxima cita será en uno de los países emergentes de América Latina, Brasil, potencia mundial en fútbol. Pentacampeón. Con sed de otro triunfo que le permita argumentar la inversión que realizará. La tierra del inolvidable e inigualable, Pelé.
Apartes de lo que podría concluir sobre Suráfrica 2010:
En fútbol, cuando se pierde, se rompe por lo más delgado: despedir al técnico. Algunos descabezados fueron Lippi de Italia, Rehhagelde Grecia, Domenech de Francia, Okada del Japón, Aguirre de México, Dunga de Brasil, Maradona dijo dizque “cumplí mi ciclo” -¿cuál?- técnico nunca ha sido ni lo será.
Las revelaciones, serios, entregados, con altísimo rendimiento: Miroslav Klose de Alemania, Diego Forlán de Uruguay, David Villa de España y Wesley Sneijder de Holanda.
Los estrellados: Lionel Messi de Argentina, Wayne Rooney de Inglaterra, Frank Ribéry de Francia, Samuel Eto´o de Camerún, Cristiano Ronaldo (el de los calzoncillos) de Portugal, Kaká de Brasil, y Didier Drogba de Costa de Marfil.
Caso aparte merece lo que políticamente implicaron las determinaciones de Francia y Nigeria con sus selecciones. El primero, subcampeón mundial por la forma ruinosa y pobre como participó y se fue. Y la segunda por la drástica sanción de su gobierno tras ser eliminada: dos años sin competencia internacional alguna.
Para destacar la vuvuzela. El despliegue humano y técnico de Direct T.V. Las paupérrimas transmisiones de algunos gritadores (narradores) colombianos que no aprenden. Y la actitud prepotente de algunos que se dicen comentaristas y no son más que hinchas. Les ganó “El Corresponsal” de Davivienda, para vergüenza de la mayoría de aquellos. El Jabulani no tiene disculpa, todos jugaron con el mismo balón. Bueno, regular o malo.
El mejor fútbol lo jugaron Holanda y España seguidas de Alemania y Uruguay. Defraudaron los seis delegados de África. Con más pena que gloria y mucha vergüenza de la mala, abandonaron: Francia, Italia, Inglaterra y Portugal.
Nos salvamos de ver al periquero de Maradona quien juró que le daría la vuelta en peloto al Obelisco en Buenos Aires si quedaba campeón. Si produce repugnancia vestido, no quiero imaginarlo en cueros. Prefiero a la Riquelme de Paraguay.
Añoro el 4-2-4, el toque-toque, el fútbol veloz por las puntas, la filigrana. Volvieron los errores de los árbitros, que como seres humanos, jamás serán desterrados así se aplique la tecnología. Lo que si debe hacer la Fifa es tomar medidas y sancionar drásticamente a quienes tienen fallas técnicas o aquellos que actúan de mala fe.
La gran ganadora, sin jugar, Shakira, con su Waka Waka, abrió y cerró el mundial. Estuvo superlativa.
Gracias Sudáfrica. Bienvenida Brasil 2014…
lunes, 5 de julio de 2010
DE LARRY KING A JUAN GOSSAÍN
El periodismo conoció esta semana el anuncio de dos retiros de quienes durante décadas se atornillaron en sus puestos de televisión y radio con los vaivenes que implican los medios de comunicación.
Larry King, el controvertido y polémico norteamericano de las tirantas luego de veinticinco años al frente de su Live en CNN, decidió, que después de siete matrimonios, desea dedicarles más tiempo a sus hijos. Ya era hora.
Juan Gossaín, la voz ronca de San Bernardo del Viento hizo lo propio en RCN Radio al cumplir veintisiete años en la dirección de noticias luego de convencer a sus propietarios de trasladarse a Cartagena, pues nunca lo sedujo la fría Bogotá.
Anunció, al igual que el primero, que quiere entregarse de lleno a sus nietos y al Centro de Altos Estudios de Periodismo en Colombia, a leer, escribir y mirar el mar; menos volverse un haragán a su edad. Ya era hora.
Exitosos. Buenos entrevistadores. Chivosos. Con kilometraje físico y profesional. Ambos ricos. Periodísticamente, King con mayor libertad. Gossaín, atado a los compromisos que existen en Colombia. Sin duda, legados del buen periodismo.
No obstante, siempre he considerado que es imposible ser absolutamente neutral y objetivo. Y menos en nuestro país. Lo acaba de demostrar la reciente campaña política por la presidencia. Casi todos los periodistas se dejaron ver el cobre.
Uno de ellos, Vladdo, quien con pasión, y casi con odio, dejó entrever que tomó partido tan abruptamente, que sus mensajes caricaturescos perdieron -al menos para muchos- el encanto y misterio que tuvieron en el pasado. Está verde.
King y Gossaín, si bien representaron una época con enormes aportes para el periodismo y la comunicación, también significan el anquilosamiento en el cargo que impide que surjan nuevos valores. Televidentes, oyentes y lectores, se cansan.
Y lo que es peor, que sus enormes sueldos -bien ganados pues el ideal es que todos ganemos bien- impiden que muchos de sus carga ladrillos, sobre todo en Colombia, tengan un porvenir despejado; inclusive, muchos trabajan por cupos publicitarios.
En la administración moderna permanecer más de cinco años en el mismo cargo es síntoma de estancamiento. Se puede ascender, más no consumirse. La comodidad de la quincena segura y del mandato para que otro se gane los laureles.
Si ese fuese el objetivo, los presidentes, salvo los tiranos que se quedan décadas, tendrían periodos de 25 y 27 años respectivamente. Pero no es así. El mundo cambia, las nuevas tecnologías se actualizan y el periodismo avanza.
Fueron muchos los aportes de Larry King y Juan Gossaín al periodismo, cada uno en su campo. Y eso se lo debemos agradecer, aún con sus debilidades, que también las tienen, y muchas. Serán ejemplo para las generaciones por venir.
Ahora el turno es para quienes llegan a refrescar el ambiente. Hombres y/o mujeres con ideas frescas que le impregnen aires de cambio y bríos a la prensa, la radio y la televisión. Y turno para quienes también les llegó la hora del retiro.
Que es más de uno…Y que se creen dueños absolutos de la verdad. Consideran que porque tienen una cámara, un micrófono o una pluma con la posibilidad de medio masivo, pueden hacer lo que les da la gana con quien se les viene en gana.
Y muchas veces el temor, más que el respeto de los entrevistados, hace que estos sucumban y digan muchas veces lo que los susodichos periodistas quieren escuchar. Les llegó la hora. Así no se vayan. Ni se quieran ir. Ya es hora.
Larry King, el controvertido y polémico norteamericano de las tirantas luego de veinticinco años al frente de su Live en CNN, decidió, que después de siete matrimonios, desea dedicarles más tiempo a sus hijos. Ya era hora.
Juan Gossaín, la voz ronca de San Bernardo del Viento hizo lo propio en RCN Radio al cumplir veintisiete años en la dirección de noticias luego de convencer a sus propietarios de trasladarse a Cartagena, pues nunca lo sedujo la fría Bogotá.
Anunció, al igual que el primero, que quiere entregarse de lleno a sus nietos y al Centro de Altos Estudios de Periodismo en Colombia, a leer, escribir y mirar el mar; menos volverse un haragán a su edad. Ya era hora.
Exitosos. Buenos entrevistadores. Chivosos. Con kilometraje físico y profesional. Ambos ricos. Periodísticamente, King con mayor libertad. Gossaín, atado a los compromisos que existen en Colombia. Sin duda, legados del buen periodismo.
No obstante, siempre he considerado que es imposible ser absolutamente neutral y objetivo. Y menos en nuestro país. Lo acaba de demostrar la reciente campaña política por la presidencia. Casi todos los periodistas se dejaron ver el cobre.
Uno de ellos, Vladdo, quien con pasión, y casi con odio, dejó entrever que tomó partido tan abruptamente, que sus mensajes caricaturescos perdieron -al menos para muchos- el encanto y misterio que tuvieron en el pasado. Está verde.
King y Gossaín, si bien representaron una época con enormes aportes para el periodismo y la comunicación, también significan el anquilosamiento en el cargo que impide que surjan nuevos valores. Televidentes, oyentes y lectores, se cansan.
Y lo que es peor, que sus enormes sueldos -bien ganados pues el ideal es que todos ganemos bien- impiden que muchos de sus carga ladrillos, sobre todo en Colombia, tengan un porvenir despejado; inclusive, muchos trabajan por cupos publicitarios.
En la administración moderna permanecer más de cinco años en el mismo cargo es síntoma de estancamiento. Se puede ascender, más no consumirse. La comodidad de la quincena segura y del mandato para que otro se gane los laureles.
Si ese fuese el objetivo, los presidentes, salvo los tiranos que se quedan décadas, tendrían periodos de 25 y 27 años respectivamente. Pero no es así. El mundo cambia, las nuevas tecnologías se actualizan y el periodismo avanza.
Fueron muchos los aportes de Larry King y Juan Gossaín al periodismo, cada uno en su campo. Y eso se lo debemos agradecer, aún con sus debilidades, que también las tienen, y muchas. Serán ejemplo para las generaciones por venir.
Ahora el turno es para quienes llegan a refrescar el ambiente. Hombres y/o mujeres con ideas frescas que le impregnen aires de cambio y bríos a la prensa, la radio y la televisión. Y turno para quienes también les llegó la hora del retiro.
Que es más de uno…Y que se creen dueños absolutos de la verdad. Consideran que porque tienen una cámara, un micrófono o una pluma con la posibilidad de medio masivo, pueden hacer lo que les da la gana con quien se les viene en gana.
Y muchas veces el temor, más que el respeto de los entrevistados, hace que estos sucumban y digan muchas veces lo que los susodichos periodistas quieren escuchar. Les llegó la hora. Así no se vayan. Ni se quieran ir. Ya es hora.
domingo, 27 de junio de 2010
TUELA, JUSTICIA Y MEDIOS
Sorprendidos nos declaramos muchos colombianos sobre los fallos de la justicia en Colombia. Con la salvedad de que como no todos somos abogados ni tenemos por qué conocer sus vericuetos.
Casos recientes:
El del gobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía Campo, quien es sancionado y destituido. Y de un día para otro reintegrado a sus funciones. ¡Quien dijo ira en la Procuraduría General de la Nación!
El de los soldados del ejército implicados en la muerte de los diez policías y un civil en zona rural de Jamundí a quienes les rebajan en un cincuenta por ciento las penas a las que habían sido condenados.
El del mismo coronel Plazas Vega sobre el Palacio de Justicia quien veinticinco años después es condenado a treinta años en una determinación que divide la opinión pública y no existe unanimidad de criterios.
Y qué decir de la designación del nuevo Fiscal General de la Nación. La Corte acepta que la terna es válida. Pero van diez reuniones para elegir y no existe una explicación clara sobre el por qué no ocurre. ¿Retaliación, política, fallas? Yo diría que lo primero.
Voy por partes. La justicia cuando actúa, primero, no tiene que consultar la opinión pública. Y segundo, cuando falla, no lo hace pensando en que exista unanimidad nacional en torno a sus conceptos jurídicos.
Lo cierto es que la majestuosidad de la justicia en Colombia y el respeto absoluto por el poder judicial se ha perdido. No solo el de las altas Cortes sino hasta el del más humilde de los juzgados en el país.
No es si no ver el enfrentamiento radical entre sus máximos exponentes y el propio presidente Álvaro Uribe Vélez que sin duda han contribuido a ese desgaste y debilitamiento.
Lo propio ocurre con la organización interna del poder judicial que adolece de una infraestructura que le permita ser ágil, independiente y autónomo. Y la cacareada politización de muchos estrados judiciales.
Si a ello le sumamos el controvertido papel del Consejo Superior de la Judicatura, que para muchos debe desaparecer, se conforma un entorno que en nada favorece la justicia que debería representar el equilibrio del Estado.
Y lo medios, que hacemos de la justicia un espectáculo y trasladamos, muchas veces con desconocimiento absoluto de la mayoría de los periodistas, las decisiones de los jueces, a la picota pública de la justicia del micrófono. Espectáculo.
Se necesitan cambios profundos en el ordenamiento y operación de la justicia en Colombia. Independencia absoluta de los jueces en el país, ajenos a cualquier tentáculo politiquero. Y un papel más educativo y socializador por parte de la prensa, la radio y la televisión.
Porque la farándula está bien que siga en manos de las reinas, hoy presentadoras, pero nunca periodistas y mucho menos analistas -en su mayoría, no todas- de la realidad nacional. Sobre todo en un tema tan profundo como el de la justicia.
Y no, como algunos pretenden, acabar con la tutela, quizá uno de los mayores logros de la Constitución Política de 1991.
Casos recientes:
El del gobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía Campo, quien es sancionado y destituido. Y de un día para otro reintegrado a sus funciones. ¡Quien dijo ira en la Procuraduría General de la Nación!
El de los soldados del ejército implicados en la muerte de los diez policías y un civil en zona rural de Jamundí a quienes les rebajan en un cincuenta por ciento las penas a las que habían sido condenados.
El del mismo coronel Plazas Vega sobre el Palacio de Justicia quien veinticinco años después es condenado a treinta años en una determinación que divide la opinión pública y no existe unanimidad de criterios.
Y qué decir de la designación del nuevo Fiscal General de la Nación. La Corte acepta que la terna es válida. Pero van diez reuniones para elegir y no existe una explicación clara sobre el por qué no ocurre. ¿Retaliación, política, fallas? Yo diría que lo primero.
Voy por partes. La justicia cuando actúa, primero, no tiene que consultar la opinión pública. Y segundo, cuando falla, no lo hace pensando en que exista unanimidad nacional en torno a sus conceptos jurídicos.
Lo cierto es que la majestuosidad de la justicia en Colombia y el respeto absoluto por el poder judicial se ha perdido. No solo el de las altas Cortes sino hasta el del más humilde de los juzgados en el país.
No es si no ver el enfrentamiento radical entre sus máximos exponentes y el propio presidente Álvaro Uribe Vélez que sin duda han contribuido a ese desgaste y debilitamiento.
Lo propio ocurre con la organización interna del poder judicial que adolece de una infraestructura que le permita ser ágil, independiente y autónomo. Y la cacareada politización de muchos estrados judiciales.
Si a ello le sumamos el controvertido papel del Consejo Superior de la Judicatura, que para muchos debe desaparecer, se conforma un entorno que en nada favorece la justicia que debería representar el equilibrio del Estado.
Y lo medios, que hacemos de la justicia un espectáculo y trasladamos, muchas veces con desconocimiento absoluto de la mayoría de los periodistas, las decisiones de los jueces, a la picota pública de la justicia del micrófono. Espectáculo.
Se necesitan cambios profundos en el ordenamiento y operación de la justicia en Colombia. Independencia absoluta de los jueces en el país, ajenos a cualquier tentáculo politiquero. Y un papel más educativo y socializador por parte de la prensa, la radio y la televisión.
Porque la farándula está bien que siga en manos de las reinas, hoy presentadoras, pero nunca periodistas y mucho menos analistas -en su mayoría, no todas- de la realidad nacional. Sobre todo en un tema tan profundo como el de la justicia.
Y no, como algunos pretenden, acabar con la tutela, quizá uno de los mayores logros de la Constitución Política de 1991.
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