Nunca he votado con la mal llamada disciplina de perros que se encarga de imponer ese sagrado derecho a lo que ordenaban hace décadas los trapos rojo o azul, intérpretes hasta entonces de los partidos liberal y conservador.
Siempre lo he hecho por las personas, primero, y luego por sus propuestas de gobierno, independiente de sus ideologías políticas o partidistas con el ánimo de fortalecer la democracia colombiana, que no es tan fuerte como se cree.
Hoy las condiciones no son diferentes de acuerdo con el contexto nacional de un país que se encuentra con tendencia a la baja en su optimismo, fundamentalmente por el superlativo e incontrolado nivel de corrupción y los efectos del invierno.
Es justamente en esos momentos de dificultad cuando surgen los líderes que en medio de la incertidumbre del pueblo, se encargan de presentar opciones claras, nítidas, contundentes y ante todo, realizables en la sociedad.
Para Caldas, otrora orgullo nacional como símbolo de la colonización antioqueña en el Eje Cafetero, su coyuntura, hoy, es similar. Y está en el momento oportuno de decirle al país que no seremos inferiores al reto de volver a ser el mejor.
El candidato Gabriel Vallejo López, mi hermano, se convierte en la opción que en el inmediato futuro será el eje de cómo deberá funcionar la política en Colombia, arrinconando, de una vez por todas la politiquería.
Y lo es de la mano de corrientes nuevas, de partidos que nacen como respuesta a necesidades ideológicas de un puñado de jóvenes que creen en las instituciones públicas manejadas pulquérrimamente al servicio de una sociedad enferma.
Tiene en su haber el hacer política desde sus épocas de bachiller pero a su modo. Preparándose, como lo hizo durante décadas el presidente Juan Manuel Santos Calderón, para devolverle a Manizales y a Caldas lo que su tierra le brindó.
Abogado del Externado de Colombia, especialista en Administración Pública del Instituto de Madrid, estudios de Alta Gerencia en Recursos Humanos y Mercadeo, Inglés en Irlanda, Conferencista y experto en Servicio, Calidad y Excelencia.
Fue uno de los alfiles del mejor alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, como integrante de su gabinete, ha ocupado los más altos cargos en destacadas empresas nacionales e Internacionales en Colombia, Argentina, Estados Unidos, México, España e Italia. Todo con calidad y excelencia en el servicio.
Respetuoso como es, gracias a los rígidos principios éticos y morales impartidos en nuestro hogar, Gabriel estructuró un plan de gobierno y una propuesta que con altura y respeto llevará a todos los rincones de Caldas. Así será su campaña.
Los invito a estudiar, primero, su hoja de vida, y segundo, sus propuestas de gobierno, para que, con herramientas de juicio, tengan a bien seleccionar el candidato de sus preferencias por convicción, no por trapos ni disciplina de perros.
Solo así tendremos la Colombia que anhelamos. Mediante una elección juiciosa de concejales, diputados, congresistas, alcaldes, gobernadores, etc. De lo contrario, nuestros hijos, en el futuro, seguirán quejándose de que esto, es horrible.
En mi familia creemos en la mayoría de hombres y mujeres buenos de nuestro país, que estamos absolutamente convencidos, somos la mayoría. Y que nuestras conciencias estarán tranquilas de saber que actuamos en la forma correcta.
No solo porque es mi hermano, sino porque lo conozco tan bien como a mí mismo, sé de sus ejecutorias, de su preparación y de sus metas. Votaré por él y lo encomendé a Dios para que le ayude y lo proteja.
Y que haga lo propio para Caldas de la mano de Gabriel Vallejo López: Abogado, casado con Anne, padre de Julia, hijo ejemplar, sin igual hermano, integérrimo ciudadano, amigo de sus amigos, gran deportista, profesional sin tacha.
Límpido, pulquérrimo, transparente, cristalino, con ideas, experiencia en los sectores público y privado, con un pasado brillante, un presente como el que necesita Colombia y un futuro que anhelamos quienes amamos a Caldas.
sábado, 7 de mayo de 2011
lunes, 18 de abril de 2011
¿SANTOS VS URIBE?
Sí y no. Depende. Muchos quisieran. De momento no logran enfrentar al ex presidente Álvaro Uribe Vélez con el actual mandatario de Colombia Juan Manuel Santos Calderón. Ambos prudentes, respetuosos y cada uno en su línea divisoria.
El primero con todo derecho de defender su obra de gobierno frente a muchos opositores radicales y algunos que con cierta neutralidad y objetividad cuestionan sus ocho años de gestión en especial la de la reelección por los escándalos recientes.
El segundo quien pese a ser uno de los alfiles del huésped de El Ubérrimo especialmente como ministro de Defensa, le imprimió un giro de 180° a lo que hasta el 7 de agosto de 2010 había sido el programa de gobierno de entonces.
Santos Calderón con astucia, mesura, energía y mucho cálculo, redireccionó las relaciones internacionales de Colombia con el mundo, especialmente con Venezuela y Ecuador e internamente con la oposición y las Cortes. Sumó puntos.
La revista Semana en su más reciente edición lo ubica como el naciente líder regional para América Latina al llamar la atención ante la ONU sobre las ayudas para la reconstrucción de Haití y conseguir la presidencia de la UNASUR.
Adicionalmente con la consecución de un escaño en el Consejo de Seguridad y la forma como le habló al presidente de Estados Unidos Barak Obama y los avances logrados con el TLC no solo con ese país sino con la Unión Europea.
Uribe Vélez no debe estar muy contento con las actuaciones de Santos Calderón y así lo deja entrever con su nuevo juguete de Twitter aunque todavía no de la manera desabrochada y guerrerista como lo acostumbró durante su gobierno.
No logran, quienes desean un enfrentamiento abierto y frontal, desestabilizar la razón y mesura de ambos para desestabilizar la relación personal, la Unidad Nacional y seguramente pescar en río revuelto tras fracturar lo que se construye.
Álvaro Uribe fue un gran presidente cuando Colombia requirió de su servicio. Hoy, contrario a lo que hizo Belisario Betancur, recorre el mundo y aprovecha para defenderse y lanzar uno que otro dardo. Tiene todo el derecho de hacerlo.
Juan Manuel Santos fue el presidente que elegimos la mayoría de colombianos cuando pensamos que había sido suficiente el papel de su antecesor. Y está en todo su derecho de andar su propio camino. El mismo que se forjó durante años.
De momento, los opositores tendrán que esperar si desean ver la pelea del siglo Uribe vs Santos. Y quienes deseamos paz política entre ambos lucharemos para que las locomotoras sigan avanzando a favor de un país en paz y con justicia social.
El primero con todo derecho de defender su obra de gobierno frente a muchos opositores radicales y algunos que con cierta neutralidad y objetividad cuestionan sus ocho años de gestión en especial la de la reelección por los escándalos recientes.
El segundo quien pese a ser uno de los alfiles del huésped de El Ubérrimo especialmente como ministro de Defensa, le imprimió un giro de 180° a lo que hasta el 7 de agosto de 2010 había sido el programa de gobierno de entonces.
Santos Calderón con astucia, mesura, energía y mucho cálculo, redireccionó las relaciones internacionales de Colombia con el mundo, especialmente con Venezuela y Ecuador e internamente con la oposición y las Cortes. Sumó puntos.
La revista Semana en su más reciente edición lo ubica como el naciente líder regional para América Latina al llamar la atención ante la ONU sobre las ayudas para la reconstrucción de Haití y conseguir la presidencia de la UNASUR.
Adicionalmente con la consecución de un escaño en el Consejo de Seguridad y la forma como le habló al presidente de Estados Unidos Barak Obama y los avances logrados con el TLC no solo con ese país sino con la Unión Europea.
Uribe Vélez no debe estar muy contento con las actuaciones de Santos Calderón y así lo deja entrever con su nuevo juguete de Twitter aunque todavía no de la manera desabrochada y guerrerista como lo acostumbró durante su gobierno.
No logran, quienes desean un enfrentamiento abierto y frontal, desestabilizar la razón y mesura de ambos para desestabilizar la relación personal, la Unidad Nacional y seguramente pescar en río revuelto tras fracturar lo que se construye.
Álvaro Uribe fue un gran presidente cuando Colombia requirió de su servicio. Hoy, contrario a lo que hizo Belisario Betancur, recorre el mundo y aprovecha para defenderse y lanzar uno que otro dardo. Tiene todo el derecho de hacerlo.
Juan Manuel Santos fue el presidente que elegimos la mayoría de colombianos cuando pensamos que había sido suficiente el papel de su antecesor. Y está en todo su derecho de andar su propio camino. El mismo que se forjó durante años.
De momento, los opositores tendrán que esperar si desean ver la pelea del siglo Uribe vs Santos. Y quienes deseamos paz política entre ambos lucharemos para que las locomotoras sigan avanzando a favor de un país en paz y con justicia social.
domingo, 10 de abril de 2011
TLC: EL QUÉ Y EL CÓMO
El Presidente de Colombia Juan Manuel Santos Calderón continúa en una racha excepcional de triunfos en el panorama internacional, ahora con los avances del TLC con EE.UU. y sus viajes a España y Alemania.
Dos jugadas magistrales en su talante fueron las de llamar la atención mundial sobre el incumplimiento de los países amigos para con Haití, ni más ni menos que desde la ONU, para obligarlos a volver sus ojos en el tema de la reconstrucción.
Y durante su tercer encuentro con su par de Venezuela, Hugo Chávez en Cartagena, invitar a su homólogo Porfirio Lobo de Honduras para comenzar a abrir el camino que le permita a esa Nación centroamericana regresar al seno de la OEA.
En Europa se reunirá con el Rey de España, el Jefe de Gobierno y en Alemania hará lo propio con Jefe de Estado y Canciller con el fin de atraer la inversión a Colombia y ultimar detalles que le permitan ratificar y aprobar el TLC con la Unión Europea.
Sin duda los Tratados de Libre Comercio son una herramienta útil en un mundo globalizado, de apertura de fronteras, dinamización de economías, pero ante todo, de competitividad para la que se tienen que preparar los estamentos productivos.
El que acaban de empujar Santos-Obama no es la excepción. Lo que mortifica es que hubiese sido ese país el que impuso las exigencias, las condiciones, la hoja de ruta del gobierno, la agenda que deberá seguir el Congreso colombiano.
En el tema de Derechos Humanos y de trabajadores queda una sensación amarga de intromisión. Pero adicionalmente al descubierto como que no se estaban manejando ambos temas como debe ser. Y Colombia, ¿qué exigió?
Nada. Seguimos sometidos a la voluntad del poderío norteamericano y del Congreso -especialmente del ala demócrata- de esa Nación que desconoce que su mejor aliado desde la frontera sur con México hasta la Patagonia es Colombia.
No obstante y contrario a lo que se percibía hace algunos meses y años recientes, las más poderosas Centrales Obreras de Colombia recibieron sin tanto recelo como en principio exteriorizaron, los avances en materia de TLC.
El presidente Santos Calderón sigue sorprendiendo a los incrédulos y a los que durante su campaña, sin conocerle en profundidad, se mostraban escépticos para un mandato de quien se preparó toda la vida para llegar a la Casa de Nariño.
A todo lo anterior se suma el que Colombia asumiera la presidencia de Unasur con la ex canciller María Emma Mejía, independiente de si el organismo sirve o no en el contexto suramericano. El hecho es que logró esa casilla.
Dos jugadas magistrales en su talante fueron las de llamar la atención mundial sobre el incumplimiento de los países amigos para con Haití, ni más ni menos que desde la ONU, para obligarlos a volver sus ojos en el tema de la reconstrucción.
Y durante su tercer encuentro con su par de Venezuela, Hugo Chávez en Cartagena, invitar a su homólogo Porfirio Lobo de Honduras para comenzar a abrir el camino que le permita a esa Nación centroamericana regresar al seno de la OEA.
En Europa se reunirá con el Rey de España, el Jefe de Gobierno y en Alemania hará lo propio con Jefe de Estado y Canciller con el fin de atraer la inversión a Colombia y ultimar detalles que le permitan ratificar y aprobar el TLC con la Unión Europea.
Sin duda los Tratados de Libre Comercio son una herramienta útil en un mundo globalizado, de apertura de fronteras, dinamización de economías, pero ante todo, de competitividad para la que se tienen que preparar los estamentos productivos.
El que acaban de empujar Santos-Obama no es la excepción. Lo que mortifica es que hubiese sido ese país el que impuso las exigencias, las condiciones, la hoja de ruta del gobierno, la agenda que deberá seguir el Congreso colombiano.
En el tema de Derechos Humanos y de trabajadores queda una sensación amarga de intromisión. Pero adicionalmente al descubierto como que no se estaban manejando ambos temas como debe ser. Y Colombia, ¿qué exigió?
Nada. Seguimos sometidos a la voluntad del poderío norteamericano y del Congreso -especialmente del ala demócrata- de esa Nación que desconoce que su mejor aliado desde la frontera sur con México hasta la Patagonia es Colombia.
No obstante y contrario a lo que se percibía hace algunos meses y años recientes, las más poderosas Centrales Obreras de Colombia recibieron sin tanto recelo como en principio exteriorizaron, los avances en materia de TLC.
El presidente Santos Calderón sigue sorprendiendo a los incrédulos y a los que durante su campaña, sin conocerle en profundidad, se mostraban escépticos para un mandato de quien se preparó toda la vida para llegar a la Casa de Nariño.
A todo lo anterior se suma el que Colombia asumiera la presidencia de Unasur con la ex canciller María Emma Mejía, independiente de si el organismo sirve o no en el contexto suramericano. El hecho es que logró esa casilla.
domingo, 3 de abril de 2011
LAS GUERRAS DEL FÚTBOL
Suficiente tiene el gobierno colombiano con la guerrilla, los paramilitares, los narcotraficantes, los delincuentes comunes, los de cuello blanco y con tanto bandido como para tener qué luchar contra las violentas y mal llamadas barras bravas del fútbol.
Han sido débiles las autoridades. Y si bien es cierto este es un problema social profundo que no solo debe ser tema de policía en la represión, también lo es que nos cogió ventaja y somos miles los que abandonamos los estadios por la violencia.
Este fin de semana el Deportivo Cali debió llegar en una tanqueta al estadio de Tuluá mientras que el Esmad de la policía nacional lo hizo en el bus que debieron ocupar los integrantes del equipo azucarero. ¡Qué vergüenza!
Horas antes en el Atanasio Girardot los disturbios entre seguidores (si es que así se les puede llamar) del DIM y el Atlético Nacional libraron una guerra sin cuartel en una ciudad que clama para que la dejen en paz. ¡Qué pena!
Dejé de ir al Pascual Guerrero desde hace ocho años cuando asistí a un encuentro entre el América de Cali y el Deportivo Cali. De milagro esa noche no hubo muertos. Pero parecía una batalla campal entre salvajes. ¡Qué tragedia!
Seguramente habrá consejos extraordinarios de seguridad, se aplicarán medidas de excepción, se aumentará el pie de fuerza, habrá drásticas sanciones, etc. etc. etc. Lo mismo de siempre y como siempre. ¡Paupérrimos resultados!
Si no hay cárcel para los agitadores que luego se convierten en asesinos -pues son ya varias las víctimas que han pagado con sus vidas el pecado de llevar puesta la camiseta de su equipo- y sanciones drásticas para los clubes, ¡la historia se repetirá!
Es miserable tener que jugar partidos a puerta cerrada, tener que prohibir el ingreso de menores y frustrar así el anhelo de los pequeños, de hacer afición, fomentar el deporte, todo porque la minoría no piensa. ¡Así estamos!
A las buenas o a las malas el gobierno y las autoridades tendrán que ponerle freno a esto a como dé lugar. No más muertos por el fútbol. No más desórdenes. No más escenarios de guerra en los campos deportivos. ¡No más carajo!
¡Cómo se ven de feo ante el mundo las imágenes de la televisión cuando se va a cobrar un tiro de esquina en cualquier estadio de Colombia y el futbolista tiene que ser cubierto como si fuese un extraditable so pena de ser blanco de la turba!
Y así quieren que los estadios se llenen, que las arcas de los equipos estén saneadas y que el mundo entero diga que somos un país pacífico y de gente buena, honesta y trabajadora. Con el ejemplo de los desadaptados del fútbol, ¡imposible!
Han sido débiles las autoridades. Y si bien es cierto este es un problema social profundo que no solo debe ser tema de policía en la represión, también lo es que nos cogió ventaja y somos miles los que abandonamos los estadios por la violencia.
Este fin de semana el Deportivo Cali debió llegar en una tanqueta al estadio de Tuluá mientras que el Esmad de la policía nacional lo hizo en el bus que debieron ocupar los integrantes del equipo azucarero. ¡Qué vergüenza!
Horas antes en el Atanasio Girardot los disturbios entre seguidores (si es que así se les puede llamar) del DIM y el Atlético Nacional libraron una guerra sin cuartel en una ciudad que clama para que la dejen en paz. ¡Qué pena!
Dejé de ir al Pascual Guerrero desde hace ocho años cuando asistí a un encuentro entre el América de Cali y el Deportivo Cali. De milagro esa noche no hubo muertos. Pero parecía una batalla campal entre salvajes. ¡Qué tragedia!
Seguramente habrá consejos extraordinarios de seguridad, se aplicarán medidas de excepción, se aumentará el pie de fuerza, habrá drásticas sanciones, etc. etc. etc. Lo mismo de siempre y como siempre. ¡Paupérrimos resultados!
Si no hay cárcel para los agitadores que luego se convierten en asesinos -pues son ya varias las víctimas que han pagado con sus vidas el pecado de llevar puesta la camiseta de su equipo- y sanciones drásticas para los clubes, ¡la historia se repetirá!
Es miserable tener que jugar partidos a puerta cerrada, tener que prohibir el ingreso de menores y frustrar así el anhelo de los pequeños, de hacer afición, fomentar el deporte, todo porque la minoría no piensa. ¡Así estamos!
A las buenas o a las malas el gobierno y las autoridades tendrán que ponerle freno a esto a como dé lugar. No más muertos por el fútbol. No más desórdenes. No más escenarios de guerra en los campos deportivos. ¡No más carajo!
¡Cómo se ven de feo ante el mundo las imágenes de la televisión cuando se va a cobrar un tiro de esquina en cualquier estadio de Colombia y el futbolista tiene que ser cubierto como si fuese un extraditable so pena de ser blanco de la turba!
Y así quieren que los estadios se llenen, que las arcas de los equipos estén saneadas y que el mundo entero diga que somos un país pacífico y de gente buena, honesta y trabajadora. Con el ejemplo de los desadaptados del fútbol, ¡imposible!
domingo, 27 de marzo de 2011
EN COLOMBIA LAJUSTICIA NO COJEA:LA ASESINAN
¿Dónde están quienes se “armaron de valor” en defensa de la tristemente célebre lechuza del estadio Metropolitano de Barranquilla tras el crimen de la jueza Gloria Constanza Gaona perpetrado en Saravena, Arauca?
La jueza Martha Liliana Escobar Chiquillo de Lorica, en Córdoba, debe ser custodiada por doce policías en el trayecto de su residencia hacia el despacho y no se le puede pasar por la cabeza ir a otro lugar so pena de aumentar el riesgo.
Duele que los criminales silencien a quien estaba detrás de los responsables del asesinato de tres niños hermanos del que se sospecha de agentes del Estado y el gobierno diga, que como no lo había solicitado, por eso no tenía protección (¡!).
Uno podría decir que en Colombia todos estamos amenazados. Claro, el gobierno no nos puede poner a todos guardaespaldas, pero sí al menos a quienes ostentan cargos especiales y habitan en lugares particularmente de alto riesgo como Arauca.
Y pensar que quienes revelaron que utilizaron moto sierras para descuartizar miles de compatriotas, provocar el desplazamiento de otros tantos, reciben penas ridículas que adicionalmente son rebajadas dizque por “buen comportamiento”.
Entretanto continúan los roces -para no hablar de enfrentamientos- de las Altas Cortes, especialmente con el Consejo Superior de la Judicatura, cuando lo que deberían hacer es buscar la unidad para fortalecer y hacer efectiva la justicia.
A una jueza en Bogotá, que pidió protección hace seis años, se la dieron esta semana, ¿casualidad? Mientras tanto se revive la polémica sobre si trasladar o no los procesos pues se daría un paso atrás en cuanto a la descentralización.
Frente a ese dilema y a la debilidad del Estado y los gobiernos de fortalecer la justicia, ¿es preferible retroceder o poner en riesgo a más de 500 jueces que están amenazados en el país? Cuatro fueron asesinados en el último año.
Recientemente la Fiscal General, Vivian Morales, dijo que tenía un carro blindado para 23 investigadores del ente acusador. Mientras todos los senadores y representantes tienen no uno, sino hasta tres modernos y nuevos autos blindados.
El refranero popular dice que la justicia cojea pero llega. Infortunadamente es doloroso tenerlo que decir pero en Colombia ni cojea, ni llega en muchas oportunidades, la asesinan con sicarios pagados a sueldo. ¡Qué dolor!
Colombia exige una justicia sólida, ágil, fuerte, con plenas garantías, sin impunidad, diáfana para que los condenados paguen sus penas y se acaben la impunidad, la falta de credibilidad y la contante violación de los DD.HH.
La jueza Martha Liliana Escobar Chiquillo de Lorica, en Córdoba, debe ser custodiada por doce policías en el trayecto de su residencia hacia el despacho y no se le puede pasar por la cabeza ir a otro lugar so pena de aumentar el riesgo.
Duele que los criminales silencien a quien estaba detrás de los responsables del asesinato de tres niños hermanos del que se sospecha de agentes del Estado y el gobierno diga, que como no lo había solicitado, por eso no tenía protección (¡!).
Uno podría decir que en Colombia todos estamos amenazados. Claro, el gobierno no nos puede poner a todos guardaespaldas, pero sí al menos a quienes ostentan cargos especiales y habitan en lugares particularmente de alto riesgo como Arauca.
Y pensar que quienes revelaron que utilizaron moto sierras para descuartizar miles de compatriotas, provocar el desplazamiento de otros tantos, reciben penas ridículas que adicionalmente son rebajadas dizque por “buen comportamiento”.
Entretanto continúan los roces -para no hablar de enfrentamientos- de las Altas Cortes, especialmente con el Consejo Superior de la Judicatura, cuando lo que deberían hacer es buscar la unidad para fortalecer y hacer efectiva la justicia.
A una jueza en Bogotá, que pidió protección hace seis años, se la dieron esta semana, ¿casualidad? Mientras tanto se revive la polémica sobre si trasladar o no los procesos pues se daría un paso atrás en cuanto a la descentralización.
Frente a ese dilema y a la debilidad del Estado y los gobiernos de fortalecer la justicia, ¿es preferible retroceder o poner en riesgo a más de 500 jueces que están amenazados en el país? Cuatro fueron asesinados en el último año.
Recientemente la Fiscal General, Vivian Morales, dijo que tenía un carro blindado para 23 investigadores del ente acusador. Mientras todos los senadores y representantes tienen no uno, sino hasta tres modernos y nuevos autos blindados.
El refranero popular dice que la justicia cojea pero llega. Infortunadamente es doloroso tenerlo que decir pero en Colombia ni cojea, ni llega en muchas oportunidades, la asesinan con sicarios pagados a sueldo. ¡Qué dolor!
Colombia exige una justicia sólida, ágil, fuerte, con plenas garantías, sin impunidad, diáfana para que los condenados paguen sus penas y se acaben la impunidad, la falta de credibilidad y la contante violación de los DD.HH.
lunes, 21 de marzo de 2011
DE JAPÓN A LIBIA
Desconcierta que tengan que ocurrir tragedias como consecuencias de fenómenos naturales y ataques con sentimiento de guerra provocadas por el hombre para que la comunidad mundial tome cartas en el asunto.
Lo primero fue la combinación de terremoto y maremoto que antecedieron al tsunami que afectó severamente el archipiélago Nipón y la consecuente ruptura de la planta nuclear de Fukushima con sus letales efectos radioactivos.
Lo más reciente es la intervención de los aliados contra las bases militares de Libia y la propia sede del tirano Muamar Gadafi gracias a una aprobación que en ese sentido emitió el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.
En el caso de Japón fue necesario una alerta mundial sobre el riesgo que implica generar energía eléctrica a usando como combustible minerales radiactivos como el uranio y el plutonio en turbinas de aire caliente a presión.
Pero callan al cuando se construyen actualmente en el planeta cerca de setenta nuevas plantas nucleares que se sumarán a las quinientas existentes aún en países que no tienen la suficiente seguridad para su manejo y administración.
Tampoco los han tenido Rusia ni Estados Unidos que ya han visto cómo escapes en sus plantas ponen a tambalear la seguridad de la salud por el viaje de nubes radioactivas que producen cáncer en quienes se ven afectados por su accionar.
Pero además causa hilaridad que los expertos de la ONU se hubiesen tomado ¡42 años! para decirle a un asesino y cruel tirano que se ha robado más de 120 mil millones de euros de su país, que se largue así como así.
La doble moral de los gobiernos interesados en el petróleo que se pavonearon tomándose fotos con Gadafi -apoyado por Hugo Chávez-, y guardando un silencio cómplice en la compra de propiedades en muchos países como Italia y España.
Ojalá acciones tan dolorosas como la ocurrida en el país oriental sirvan de enseñanza para la humanidad y se busquen opciones en la generación de energía frente a la riesgosa nuclear antes de que sea demasiado tarde.
Y que los países subyugados por tiranos aprendan la lección de Egipto y se crezca el efecto dominó sobre cómo derrocar pacíficamente con la voz del pueblo acudiendo a las Redes Sociales, a esos miserables.
Pero entregárselos a la justicia para que los juzgue, no para que se jubilen de una vez y se vayan a disfrutar de lo que le han robado al pueblo, sometido por acción u omisión, así sea con la venia de la ONU.
Lo primero fue la combinación de terremoto y maremoto que antecedieron al tsunami que afectó severamente el archipiélago Nipón y la consecuente ruptura de la planta nuclear de Fukushima con sus letales efectos radioactivos.
Lo más reciente es la intervención de los aliados contra las bases militares de Libia y la propia sede del tirano Muamar Gadafi gracias a una aprobación que en ese sentido emitió el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.
En el caso de Japón fue necesario una alerta mundial sobre el riesgo que implica generar energía eléctrica a usando como combustible minerales radiactivos como el uranio y el plutonio en turbinas de aire caliente a presión.
Pero callan al cuando se construyen actualmente en el planeta cerca de setenta nuevas plantas nucleares que se sumarán a las quinientas existentes aún en países que no tienen la suficiente seguridad para su manejo y administración.
Tampoco los han tenido Rusia ni Estados Unidos que ya han visto cómo escapes en sus plantas ponen a tambalear la seguridad de la salud por el viaje de nubes radioactivas que producen cáncer en quienes se ven afectados por su accionar.
Pero además causa hilaridad que los expertos de la ONU se hubiesen tomado ¡42 años! para decirle a un asesino y cruel tirano que se ha robado más de 120 mil millones de euros de su país, que se largue así como así.
La doble moral de los gobiernos interesados en el petróleo que se pavonearon tomándose fotos con Gadafi -apoyado por Hugo Chávez-, y guardando un silencio cómplice en la compra de propiedades en muchos países como Italia y España.
Ojalá acciones tan dolorosas como la ocurrida en el país oriental sirvan de enseñanza para la humanidad y se busquen opciones en la generación de energía frente a la riesgosa nuclear antes de que sea demasiado tarde.
Y que los países subyugados por tiranos aprendan la lección de Egipto y se crezca el efecto dominó sobre cómo derrocar pacíficamente con la voz del pueblo acudiendo a las Redes Sociales, a esos miserables.
Pero entregárselos a la justicia para que los juzgue, no para que se jubilen de una vez y se vayan a disfrutar de lo que le han robado al pueblo, sometido por acción u omisión, así sea con la venia de la ONU.
domingo, 13 de marzo de 2011
CORRUPCIÓN Y MÁS CORRUPCIÓN
Colombia vive uno de los episodios más lamentables que en materia de corrupción haya registrado la historia de nuestro país con el denominado carrusel de la contratación que desgreña los fiscos, nacional, departamentales o municipales.
En ese entorno y maraña de corruptela con tentáculos de cuello blanco, narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo, se destaca el escándalo del clan Nule que logró permear todos los niveles gubernamentales para chuparle su sangre.
¿Por qué los fiscales y jueces tienen que ir a Miami donde se esconden los hermanos y primo mientras que el Estado los debería obligar como cualquier colombiano a poner la cara ante la justicia en Bogotá?
No tiene presentación que la justicia sea solo para los de ruana, y aquellos, mediante argumentos baladíes, evadan el paso más elemental que es rendir explicaciones sobre sus complejas, controvertidas y cuestionadas actuaciones.
Tiene que existir un mecanismo mediante el cual quien aquí delinquió se presente ante las autoridades hasta tanto terminen las investigaciones, de lo contrario uno pensaría que están construyendo la evasión final si resultan culpables.
Pero no todo se ha de quedar en el tristemente célebre grupo Nule, que además resultó de un cinismo total, sino que se extiende a lo largo y ancho del territorio en alcaldías, gobernaciones y entes del orden Nacional.
Se han quedado cortas las ías, contraloría, fiscalía, procuraduría y demás entes de control pues ese cáncer que carcome con voracidad lo que a su paso encuentra, ni siquiera se estabiliza sino que avanza. Hizo metástasis.
Y no han sido suficientemente aclaradas las denuncias que sobre ese mal han sido denunciadas por medios nacionales como la revista Semana sobre lo que ocurre por ejemplo en Antioquia, Cali y Cartagena, para no hablar de Bogotá.
Ni la oficina del Zar anti corrupción, ni las veedurías ciudadanas, ni el mismo electorado parecieran reaccionar. ¿Qué pasaría si no fuese por el accionar de algunos medios de comunicación? Que la impunidad sería la gran triunfadora.
Simple y llanamente que los bandidos, los corruptos, los ladrones que nos roban lo que a todos pertenece, seguirían campeándose, pavoneándose, haciendo politiquería, chupando los recursos públicos como sanguijuelas y no pasaría nada.
Es hora de que los colombianos de bien, que somos la inmensa mayoría, nos unamos en una sola protesta, nos levantemos y exijamos combatir la corrupción a como dé lugar y que los corruptos sean condenados y paguen, pero en la cárcel.
En ese entorno y maraña de corruptela con tentáculos de cuello blanco, narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo, se destaca el escándalo del clan Nule que logró permear todos los niveles gubernamentales para chuparle su sangre.
¿Por qué los fiscales y jueces tienen que ir a Miami donde se esconden los hermanos y primo mientras que el Estado los debería obligar como cualquier colombiano a poner la cara ante la justicia en Bogotá?
No tiene presentación que la justicia sea solo para los de ruana, y aquellos, mediante argumentos baladíes, evadan el paso más elemental que es rendir explicaciones sobre sus complejas, controvertidas y cuestionadas actuaciones.
Tiene que existir un mecanismo mediante el cual quien aquí delinquió se presente ante las autoridades hasta tanto terminen las investigaciones, de lo contrario uno pensaría que están construyendo la evasión final si resultan culpables.
Pero no todo se ha de quedar en el tristemente célebre grupo Nule, que además resultó de un cinismo total, sino que se extiende a lo largo y ancho del territorio en alcaldías, gobernaciones y entes del orden Nacional.
Se han quedado cortas las ías, contraloría, fiscalía, procuraduría y demás entes de control pues ese cáncer que carcome con voracidad lo que a su paso encuentra, ni siquiera se estabiliza sino que avanza. Hizo metástasis.
Y no han sido suficientemente aclaradas las denuncias que sobre ese mal han sido denunciadas por medios nacionales como la revista Semana sobre lo que ocurre por ejemplo en Antioquia, Cali y Cartagena, para no hablar de Bogotá.
Ni la oficina del Zar anti corrupción, ni las veedurías ciudadanas, ni el mismo electorado parecieran reaccionar. ¿Qué pasaría si no fuese por el accionar de algunos medios de comunicación? Que la impunidad sería la gran triunfadora.
Simple y llanamente que los bandidos, los corruptos, los ladrones que nos roban lo que a todos pertenece, seguirían campeándose, pavoneándose, haciendo politiquería, chupando los recursos públicos como sanguijuelas y no pasaría nada.
Es hora de que los colombianos de bien, que somos la inmensa mayoría, nos unamos en una sola protesta, nos levantemos y exijamos combatir la corrupción a como dé lugar y que los corruptos sean condenados y paguen, pero en la cárcel.
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